LA MIRADA DEL MAESTRO ∞ POR RODRIGO DE TORRE

 


Puedes leer este artículo escuchando esta música de fondo: “Con una mirada” – Belén Moreno


Me decido a escribir este artículo de Pablo Picasso más por su personalidad que por su obra. No tuvo límites. Ni para crear, ni para doblegar, ni para beberse el arte, el alcohol y los burdeles, ni para encerrarse en silencio. Fue un desesperado por la vida y la arrasó.

“Yo, Picasso era su frase favorita.

Con 19 años llegó a París, representando a España en la Exposición Universal de 1900. Un Joven malagueño, que residía en Barcelona, descubrió la ciudad de la luz, y se quedó para siempre. Guardaba silencio en las reuniones sociales ocultando su rudimentario francés y poco tiempo después, fumaba opio con Apollinaire, Mirbeau, Lautrec y Modigliani. Buscaban semillas de sueños para sembrar la aurora. Fumaban para soñar.

Arnold Newman, 1954

Fotografía de Arnold Newman en 1954

Niño prodigio y superdotado; comunista y pacifista, o burgués. Tierno y cruel; amigo y traidor. Aunque ardió en su fuego, salió siempre ileso. Calcinaba a los otros. A las otras. Las mujeres eran sus diosas, pero también, «frazadas para limpiar pisos» y «máquinas para sufrir». Los ojos de Picasso desorbitaban destinos. Lo rodeó la muerte y lo abrazó la vida, hasta los 91 años.

Pintor, escultor, grabador, dibujante, su obra fue decisiva para el desarrollo del arte, incluso para el diseño gráfico, la ilustración y el cómic. Ganó un dinero incalculable. Mientras otros artistas morían de hambre, él vivía en castillos y cuando sus obras abarrotaban las paredes, no los vendía, compraba otros.

De un lenguaje pictórico sorprendente, es el trabajo de un maestro de la composición que revela a la vez, la mirada inocente de un niño.

Picasso avasallaba con la mirada, de aquí el título de este post y las fotografías que lo acompañan.

Willy Maywald, 1947

Así fue Pablo Picasso. De pequeño pintó como un adulto, y ya en su madurez, recuperó la mirada de un infante: «Desde niño pintaba como Rafael, y me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño» dijo en alguna ocasión Picasso.

Además de un genio de la pintura, era un seductor, característica que lo llevó a tener muchísimas mujeres, la mayoría más jóvenes que él. Entre ellas se destacaron Fernande Olivier, Marcelle Humbert, Gaby Lespinasse, Olga Khokhlova, Marie-Thérèse Walter, Dora Maar, Françoise Gilot, Geneviève Laporte, y Jacqueline Roque. El artista tuvo cuatro hijos: Paulo, hijo de Olga; Maya, hija de Marie-Thérèse y los gemelos Claude y Paloma, junto a Françoise Gilot.

Yousuf Karsh, 1954

Fotografía de Yousuf Karsh, en 1954

Pero su historia fue firmada también por la tragedia. Su hijo Paulo, con quien siempre había sido indiferente, murió de cirrosis y alcohólico; y por alguna perversión del destino su nieto Pablito se suicidó el día de la muerte del artista, pues Jacqueline Roque, su última y dictadora compañera, no lo dejó entrar al funeral. El pequeño bebió cantidades ingentes de lejía, y se fue de la Tierra…

Robert Capa, 1951

Fotografía de Robert Capa, en 1951

A Marie-Thérèse Walter, una se sus amantes, la conoció cuando ella tenía 17 años y él 46. Era 1927. El deseo erótico se sumaba al placer de la aventura. El secreto de los encuentros era absoluto para evitar problemas con la ley por la edad de la adolescente. Incluso después de abandonada, Marie-Thérèse le cortaba las uñas y el pelo y las guardaba en un orden cronológico estricto, pues él temía que le hicieran brujerías. Escribió a su amado durante treinta años; y finalmente, cuando él murió, se suicidó en la casa de Picasso en la Costa Azul.

Richard Avedon, 1958

Los ojos verdes de su siguiente víctima, la fotógrafa yugoslava Dora Maar, le llegaron de la mano de Paul Éluard y su dulce esposa Nush, quienes los presentaron en un café de París. Corría 1936. Picasso cayó rendido ante su belleza e inteligencia. Dora Maar, -apócope de su verdadero nombre Henriette Teodora Markovitch- fue la más retratada de su obra. Picasso le era constantemente infiel y ella perdió su cordura ingresando en el hospital de Sainte-Anne, donde la trataron con electroshock. Tan violento fue el tratamiento que Paul Èluard, el mejor amigo de Dora, fue a hablar personalmente con Picasso para que la sacara de ahí. El artista accedió, y al día siguiente la abandonó para siempre tomando de la mano a Françoise Gilot, en 1943, con quien tuvo dos hijos: Claude y Paloma. Cuentan que las últimas palabras de Dora antes de morir fueron: “Después de Picasso, sólo Dios”

Picasso Duncan photos

Fotografía de David Douglas Ducan, en 1956

Paloma Picasso llegó a decir: “Si a mi me hubieran hecho lo que mi padre hizo a mi madre y a sus otras amantes, lo hubiera asesinado”

Jacqueline Roque, su última mujer, fue la única que pudo “dominarlo”. En realidad lo aisló de sus amistades, hijos y nietos, y lo acompañó hasta el final de su vida. Después de la muerte de Picasso en 1973 en Mougins, Francia, se pegó un tiro, pues no encontraba un sentido a la vida, sin él. Están enterrados juntos, en los jardines del Palacio de Vauvenargues, que Picasso había comprado, pero donde nunca había vivido, en la Riviera Francesa. Mientras se comía la vida, sin saberlo había preparado su propio sepulcro, suntuoso.

Gjon Mili, 1949

Fotografía de Gjon Mili, en 1949

Nunca estuvo solo de alguien que buscara su mirada virgen. Un año antes de morir, cuando tenía ya 90, dijo que la muerte fue la única mujer que lo acompañó siempre, despreciando de esta forma a las trece diosas «oficiales» que sólo fueron sus frazadas para limpiar pisos y pinceles y que, sin embargo, lo amaron incluso hasta el suicidio.

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Fotografía de Cecil Beaton, en 1965

La búsqueda de Picasso no dependía simplemente de la experiencia del arte. Estaba fundado en otras experiencias humanas mucho más amplias, especialmente aquéllas en las que la energía del cuerpo supera la disposición normal de lo físico. Por eso, a Picasso le obsesionaban las mujeres, y sus consecuencias: Imágenes de pasión y de dolor. Y por eso también tenía tanta capacidad para crearlas. Imágenes en las que la energía supera a lo existente, imágenes que revelan cómo lo existente y sus disposiciones, que nosotros damos por supuestas, nunca son completas, nunca están acabadas.

Fue el maestro de lo inacabado —no de la obra inacabada, sino de la experiencia de lo inacabado—. Toda la pintura trata del diálogo entre la presencia y la ausencia. El arte de Picasso, en su sentido más profundo, se sitúa en la frontera entre las dos, en el umbral de la existencia, de lo recién comenzado, de lo inacabado. Cuanto deseaba podía adquirirlo sólo con dibujarlo. La realidad vino a ser algo semejante a la fábula de Midas. Todo cuanto éste tocaba se convertía en oro. Todo cuanto Picasso circundaba con una línea podía hacerlo suyo. Pero también fue un Mefistófeles, el atrapador de almas.

Arnold Newman- 1954

Fotografía de Arnold Newman, en 1954

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IMAGEN DE PORTADA: Arnold Newman MÚSICA DEL ARTÍCULO: Con una Mirada – Belén Moreno IMÁGENES DEL ARTÍCULO: (Ver pie de cada foto)