The Bang Bang Club ∞ (fotografía)

Bang Bang (My Baby Shot me Down) es el nombre de un sencillo del año 1966 de la cantante estadounidense Cher. Innumerables artistas han grabado su propia versión de Bang Bang, entre ellos Bon Jovi, (ver aquí), Frank Sinatra (ver aquí), Dalida (ver aquí), etc.

Traigo a este post la versión de 1967 de Mira Mazzini. De ella dijo Louis Amstrong que era la mejor cantante de raza blanca del planeta. En la letra de su tema Bang Bang se repite la frase “…Vincerà, chi al cuore colpirà” es decir, “Ganará quien apunte directamente al corazón”.

La siguiente imagen es una foto de Kevin Carter publicada el 26 de marzo de 1993 en The New York Times. Fue ganadora del Premio Pulitzer en 1994. En esta foto, un buitre espera la muerte de un niño esquelético.

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Premio Pulitzer 1994 (Fotografía de Kevin Carter)

Para tomarla, Kevin esperó más de 20 minutos hasta lograr el encuadre perfecto haciéndolo coincidir con el del buitre. “Dos testigos de una misma agonía” se ha llegado a decir.

Kevin era un fotógrafo sudafricano curtido en los conflictos raciales del finales de los 80 y principios de los 90 en su Sudáfrica natal.

Los viajes de los fotógrafos de guerra son excursiones al infierno. Cuatro fotógrafos (Joao Silva, Kevin Carter, Greg Marinovich y Ken Oosterbroek), cubrieron como nadie los últimos años del Apartheid (el sistema de segregación racial que discriminó a la mayoría negra sudafricana). Dos de ellos, el propio Kevin con la foto ya expuesta, y Greg Marinovich, ganaron el premio Pulitzer, en un aparente “victoria” con su Bang Bang directo al corazón, pues sus fotos y sus nombres llegaban a todos los rincones del planeta.

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Premio Pulitzer 1991 (Fotografía de Greg Marinovich)

El término “Bang Bang” era la expresión con la que los periodistas sudafricanos se referían a las refriegas callejeras que presenciaban diariamente. Al volver a la redacción, utilizaban expresiones como “vengo del Bang Bang”. Fue la revista Living quien publicó un artículo sobre los fotógrafos más valientes que tituló “Los paparazzis del Bang Bang” refiriéndose a los cuatro fotógrafos. Para ellos, el término paparazzi desprestigiaba su imagen, y lo comenzaron a llamar “The Bang Bang Club”

El cuarteto compartía una pasión desorbitada por la fotografía. Vivir en medio del peligro era como una droga para ellos. Por un lado buscaban la satisfacción personal y por otro, perseguían algo más grande que ellos mismos.

Lo que no sabían los cuatro amigos fotógrafos era que con cada “Click” de su máquina apuntaban en realidad a su propio corazón, convirtiendo el “… vincerà, chi al cuore colpirà” de la versión de Mina del año 1964, en una certera frase de efecto boomerang. Las imágenes que captaban estos cuatro fotógrafos les daba fama mundial, sí, pero en la misma proporción dañaban sus vidas.

Kevin Carter escribió: “He llegado a un punto en el que el sufrimiento de la vida, anula la alegría… Estoy perseguido por recuerdos de muertos, de cadáveres, de rabia y dolor”. Sobre su foto ganadora declaró que “Será la foto más importante de mi carrera, pero no quiero ni verla, la odio”. La tragedia y la violencia son imágenes poderosas; por eso se pagan tan bien. Pero algo de la emoción, de la empatía y la vulnerabilidad que nos hace humanos se pierde cada vez que apretamos el gatillo”.

Kevin, un mes más tarde de la obtención del Premio Pulitzer, se suicidaba llenando su furgoneta de dióxido de carbono procedente del tubo de escape.

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(Kevin Carter)

Su amigo Ken Oosterbroek había muerto meses antes que Kevin en una de las refriegas del Bang Bang como consecuencia de un disparo de las “teóricas” fuerzas de paz.

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(Ken Oosterbroek)

En ese mismo suceso en el que perdía la vida Ken, resultaba gravemente herido por primera vez Greg Marinovich, quien posteriormente lo ha sido hasta tres veces salvando su vida milagrosamente.

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(Greg Marinovich)

Y Joao Silva, en octubre de 2010 perdió las dos piernas tras pisar una mina en Afganistán.

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(Joao Silva)

Con anterioridad al accidente, Joao dijo:

“Somos seres humanos y llevamos todos nuestros pensamientos con la cámara. La cámara no flota y hace sus propias fotografías. Siempre es nuestra representación. Siempre es lo que somos, lo que vemos y lo que creemos que es importante. Hacemos bien hasta un cierto punto. Cogemos algo del sufrimiento de la gente. Tomamos imágenes geniales, nuestros jefes nos dan golpecitos en la espalda y los medios escriben sobre nosotros. Pero al final, pagamos un precio. La cámara no es una fortaleza. Lo sientes cuando una madre llora sobre su hijo muerto. Sientes la emoción. No puedes desconectarte de todo eso. Trabajas porque eso es lo que necesitas. Pero aún así, hay consecuencias; todavía quedan restos de emoción que se construyen en tu mente y nunca desaparecen.”

Desde la liberación de Nelson Mandela a las elecciones que lo consagraron como presidente, hubo una silenciosa y terrible guerra civil en Sudáfrica, no sólo entre negros y blancos sino también entre los partidarios de Mandela y los zulúes separatistas, financiados bajo cuerda por los paramilitares.

Los mejores corresponsales de guerra del mundo estaban ahí, pero las más vívidas imágenes las consiguieron estos cuatro fotógrafos sudafricanos.

Joao, y Greg Marinovich, publicaron el libro The Bang Bang Club (imágen de portada de este post). Es la historia de esos cuatro amigos, bautizados así por su temeridad rayana en la demencia.

Según el Arzobispo y Premio Nobel de la Paz Desmond Tutu en el prólogo del libro, esos cuatro fotógrafos fueron los que ayudaron a contar la historia: “Nos maravillaban con su trabajo ¿Cómo hacían para capturar esas imágenes en el frenesí de la matanza? Debían tener un coraje extraordinario para trabajar en los campos de la muerte tan imperturbablemente y con tanto profesionalismo. Y debían ser bastante fríos para enfrentar ese horror como parte de su trabajo. Ahora que han roto el silencio sabemos cómo operaron en equipo, cuán frecuentemente debieron ser insensibles, al punto de pisotear cadáveres sin mostrar emoción, para capturar esa imagen que les demandaban las agencias. Ahora sabemos un poco el costo de ese constante contacto con la muerte que ellos llamaron, con humor macabro, el Bang Bang Club. Los sudafricanos les debemos muchísimo por su contribución en este frágil proceso de transición de la represión a la democracia, de la injusticia a la libertad”.

En el año 2011, Steven Silver dirigió la película The Bang Bang Club. En ella se destaca sobre todas las cosas los conflictos personales que a cada uno de estos fotógrafos les generó su trabajo. Merece la pena verla…

“…Vincerà, chi al cuore colpirà”

La Guerra, La Hambruna, La Desigualdad o La Tortura vencerán siempre porque carecen de un corazón al que podamos apuntar, pero dañan certeramente el nuestro sin remedio.

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Puedes ver la película aquí: